Recuerdo, sin querer caer en los tópicos, mis primeras experiencias creativas. Siempre fui gran observador de mi entorno, posiblemente por ello, era muy descriptivo en aquellos primeros dibujos infantiles, lo que me llevaba a incorporarles esos detalles que ni siquiera comprendía su significado, pero que acercaban más a lo que conocíamos de ello, tal era el caso de ese camión, tantas veces dibujado, al que en la lona de su toldo le añadía, ”transportes”, cuyo significado hubieron de explicarme. Por entonces, y como consecuencia de ello, le otorgaba valor a un libro en función de la riqueza y definición de sus ilustraciones… recuerdo por otro lado, que me encantaba ese olor peculiar de los libros a papel y tinta, diferentes si eran nuevos o usados.

Más tarde y a partir de que un compañero de pupitre trabajara con acuarelas, comprendí que habían maneras de mejorar aquello en lo que yo estaba empeñado y me impuse el reto de superarle, y sobre todo, por encima de todo, ser pintor.

Aquello no era más que un sueño infantil, una ilusión que me ha traído al punto donde hoy me encuentro.

En 1967 ingresé en la entonces Escuela Superior de Bellas Artes de Valencia, para trasladarme, el curso siguiente, a la de Madrid, donde terminé la carrera en 1972.

Por entonces, no podía estar al margen de los acontecimientos y de la cultura de mi tiempo, por lo que inevitablemente, desarrollé una estética y formas personales, creo yo, dentro del llamado realismo critico.

Fue un tiempo interesantísimo y absolutamente enriquecedor, conseguí, en los umbrales de mi carrera, numerosos premios, becas e invitaciones a eventos culturales. Este periodo, motivado por la falta de ilusión y el aburrimiento que me producía el repetir esquemas y estrategias que ya me sabía, concluyó de una manera radical, embarcándome en otros proyectos más enriquecedores a nivel de intuición, espontaneidad y frescura, todo ello desde la necesidad vital de tener que realizarlo.

Producto de esa nueva etapa, fue la obra “días de futuro pasado”, quedando finalista en la III Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de Barcelona, lo que me sirvió de estimulo para seguir adelante.

A partir de ahí, nunca me ha hipotecado una determinada manera de hacer, por muy rentable que ésta fuese, dejándome llevar a una constante evolución en función de los “acontecimientos”

Por imperativos de mi trabajo, en 1980 consigo tras oposición, la plaza titular de profesor de Instituto de Bachillerato y vivo cronológicamente, en Elche, Alicante, Lugo, Almería y Granada donde finalmente me establezco. Después de conseguir el doctorado, gano la plaza en la Facultad de Bellas Artes de esta Ciudad, como profesor titular del Departamento de Pintura.

Admitiendo por experiencia, que el medio y/o el entorno tienen que ver con el desarrollo y evolución de la actividad creativa, mi trabajo doctoral tuvo que ver con el mío propio, titulándose: “INCIDENCIAS DEL MEDIO EN LA CREACION ARTISTICA”, (REVISION DE UNA OBRA PERSONAL), que no era otra cosa que poner en valor la evolución de mi trabajo en función de mi itinerancia antes mencionada

Y es en la Facultad y principalmente con mis alumnos, donde sigo teniendo grandes satisfacciones unido a mi trabajo como investigador plástico, desarrollando en paralelo mi obra personal y enfrentándome a la docencia desde la experiencia personal, lo que ha llevado a la ANECA, Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, para la enseñanza universitaria, a reconocerme cuatro tramos de investigación, veinticuatro años de investigación en la practica y didáctica del arte.

Es fácilmente deducible, a tenor de lo expresado, que esta actividad es para mí, una autentica opción de vida, y que la realizo desde la necesidad vital de hacer y/o de traducir aquello que me demanda la propia VIDA.